DD. HH Y LA COMUNIDAD LGTBIQ+ EN QATAR

La fiebre mundialista ha llegado como uno de los paliativos tras un período en que la incertidumbre, el miedo y la extrañeza fueron moneda corriente en nuestras vidas. La ilusión de que muchos países, entre ellos Argentina, depositan en este evento deportivo es enorme, al punto de que es difícil reconocer otro fervor que mueva lo colectivo de manera similar; la actitud expectante por replicar lo de 1978 y 1986 puede palparse en todos los rincones del país y de diversas maneras: desde quienes venden figuritas, remeras, hasta quienes por redes sociales alimentan el hambre de triunfo. Evidentemente, no faltan los detractores que aparecen para puntualizar que hay problemas mucho mas significativos en la agenda internacional, pero también, y específicamente, sobre la vida de los argentinos, tales como la creciente inflación, el desajuste salarial, el incremento de los servicios, etc., y algunos apuestan a mas y se aferran al fantasma que reaparece cada diciembre en nuestro país, mas aun cuando el descontento social es grande. No obstante, retomemos la idea principal: el mundial como depositario de emociones, positivas o negativas. Lo subyacente, lo oculto, lo casi invisibilizado son otras cuestiones relacionadas al doble discurso de entidades organizadoras de eventos de tal magnitud. Por un lado, se apela a discursos que exaltan valores humanitarios, respeto y unión de las personas, pero por el otro no se ha garantizado la integridad ni el valor de la vida humana para los trabajadores fallecidos en la construcción de los estadios en Qatar y tampoco e ha comentado demasiado sobre las condiciones laborales a las que se encontraban expuestos. En lo que se refiere al movimiento LGTBIQ+, no se hay tomado acciones concretas para asegurar en bienestar pleno de las personas pertenecientes al colectivo; aunque alguna que otra medida de ultimo momento haya intentado subsanar el estigma que atraviesa a estos sujetos, las autoridades del país anfitrión sostienen discursos homofóbicos y aún asocian la orientación sexual de una perdona a enfermedades mentales. 

El que esté libre de pecado que arroje la primera piedra... no es primer mundial llevado a cabo en territorios o contextos que poco podrían decir sobre libertad o derechos humanos: en breve racconto nos daría la pauta de cuán equivocados estamos si pensamos que con Qatar hemos descubierto que el mundo aún no es seguro e igualitario para todas las personas. Clase social, género, orientación sexual, país de origen, se convierten en etiquetas que fragmentan el modo en que percibimos y nos relacionamos con los demás; para bien o para mal, según el contexto, nos "encansilla" y nos hace parte o nos excluye y es precisamente esto último lo que más tendría que ocuparnos. Poner en palabras esta cuestión es lo que algunos sujetos o entidades han realizado, y es lo que permite pensar que no todo es gris en este panorama premundialista. Manifestarse y tomar posicionamiento en este contexto también ha recibido críticas, ya sea por la cercanía del evento futbolístico o bien porque de alguna u otra forma quienes lo hicieron participan del mismo; no obstante, quizás esto es el puntapié para repensar estos intersticios en los cuales la disidencia, lo subyugado se hace presente, mediante la visibilización y en segundo lugar, mediante prácticas concretas que apelan a generar un mundo más seguro y justo para todos. Quizás también nos demos cuenta de que las luchas pasadas merecen su lugar como parte del reconocimiento y eso implica que los derechos adquiridos, que las gestas llevadas a cabo en post de un mundo más justo no fueron en vano y que incluso en un contexto de un mundial es válido tenerlo presente y manifestarlo.





Comentarios

Entradas más populares de este blog

ENTREVISTA A RAÚL ARUÉ: El mundial como fenómeno socio-cultural

QATAR: PROHIBICIONES Y DOBLE MORAL

Mundial Fifa 2022